Cada 6 de enero, cuando el aroma del roscón empieza a llenar la casa y el frío invita a quedarse un poco más alrededor de la mesa, repetimos un gesto antiguo sin apenas darnos cuenta: compartir algo caliente, dulce y reconfortante mientras celebramos la llegada de los Reyes Magos.
Pero ¿y si te dijera que, en el fondo, esta escena tan familiar tiene mucho más que ver con Oriente de lo que solemos imaginar?

Tres sabios, un viaje y mucho conocimiento
La historia comienza lejos, muy lejos de nuestras cocinas. Los llamados Reyes Magos no eran reyes ni magos en el sentido moderno. Eran sabios de Oriente: astrónomos, estudiosos de la naturaleza, observadores del cielo. Hombres acostumbrados a leer los signos del mundo y a viajar siguiendo el conocimiento.

Oro, incienso y mirra no eran solo regalos simbólicos. Eran sustancias valiosas, medicinales, profundamente ligadas al cuidado del cuerpo y del espíritu. Resinas aromáticas, metales preciosos, remedios naturales. Un lenguaje que hoy nos resulta sorprendentemente familiar.
Porque esa mirada oriental, donde salud, ritual y naturaleza se entrelazan, es también la esencia del té.
Mientras tanto, en Asia…
Mientras en Europa se tejían las primeras historias de la Epifanía, en China, India y Japón el té ya formaba parte de la vida cotidiana de monjes, médicos y filósofos.
El té nace como remedio, como bebida para aclarar la mente, como apoyo a la meditación. No se bebe deprisa. Se observa, se huele, se agradece. Es pausa y atención.
¿No es eso, al final, lo que también buscamos en los días de Reyes?
El roscón, la mesa y el ritual compartido
La tradición del roscón de Reyes, heredera de antiguas fiestas romanas, habla de ciclos, de luz que regresa, de comunidad. Su forma circular, sus frutas brillantes, la sorpresa escondida… todo nos recuerda que celebrar es también jugar, compartir y aceptar lo inesperado.

Durante siglos, el chocolate caliente fue el gran compañero de esta merienda. Espeso, intenso, exuberante. Pero con el tiempo, el té empezó a encontrar su lugar.
No como sustituto, sino como otra forma de acompañar.
El té entra en escena
Hoy, cada vez más hogares y salones de té eligen infusiones especiadas, tés negros con naranja, canela o jengibre, mezclas que evocan viajes lejanos y rutas antiguas.
No es casualidad. Las especias nos devuelven a Oriente. Los cítricos dialogan con el roscón. El té aporta ligereza, profundidad y una experiencia más consciente.
Es como si la historia cerrara un círculo: los sabios de Oriente regresan simbólicamente a la mesa, esta vez en forma de infusión.
Una nueva manera de celebrar

En hoteles, pastelerías artesanas y casas particulares, la merienda de Reyes se transforma poco a poco. Se habla de maridajes, de tés de origen, de ingredientes sostenibles. Se busca disfrutar sin exceso, saborear sin prisa.
El té no solo acompaña al roscón: invita a bajar el ritmo, a escuchar, a estar presentes.
Quizá ahí esté la verdadera magia
Tal vez la magia de los Reyes no esté solo en los regalos, sino en el gesto de sentarnos juntos, de compartir una bebida caliente y una historia que viene de lejos.
Servir una taza de té el día de Reyes es, en cierto modo, rendir homenaje a ese viaje antiguo: el de quienes cruzaron desiertos guiados por una estrella… y el de quienes, hoy, seguimos buscando sentido, calma y conexión en los pequeños rituales.
Porque a veces, la Epifanía sucede en silencio, justo cuando el té empieza a infusionarse.

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